Qué ponerse para una sesión de fotos en la montaña en Austria

Qué ponerse para una sesión de fotos en la montaña en Austria

Kate Belova · Founder & Photographer·

Dos cosas arruinan más fotografías de montaña en Austria que el mal tiempo: la ropa que desaparece en el fondo y el calzado que te impide llegar al sitio que merece la pena. Con todo lo demás — la luz, la cumbre, el reflejo del lago — el fotógrafo se apaña. Nadie rescata una chaqueta verde chillón delante de un prado de junio ni una suela lisa en un camino de grava con un cortado al lado.

La buena noticia es que los sitios de montaña austriacos son inusualmente cómodos de alcanzar. Muchos de los mejores encuadres del país están a pocos minutos de una estación de teleférico o de un aparcamiento. La cuestión de la ropa, entonces, va poco de equipo y mucho de dos cosas: la temperatura en la que vas a estar de verdad y cómo se comportan tus colores delante de hierba, caliza o nieve.

Calcula la temperatura de arriba, no la del pueblo

El aire se enfría unos seis grados por cada mil metros de desnivel, así que un teleférico que te sube mil metros te deja en un aire seis grados más frío, antes de contar el viento, y en una cresta abierta o en una plataforma el viento siempre cuenta. Las cifras reales de los sitios austriacos son aún más rotundas. El teleférico del Rofan sobre el Achensee llega al Erfurter Hütte a 1.834 metros, donde a menudo hace diez o quince grados menos y mucho más viento que en la orilla que acabas de dejar. El funicular de la Rosshütte sobre Seefeld está habitualmente diez grados por debajo del pueblo. La estación del Dachstein sobre Schladming, hacia los 2.700 metros, es de forma rutinaria quince grados más fría que la ciudad, y el Kitzbüheler Horn sobre Kitzbühel unos diez.

Esa es la cifra para la que hay que vestirse. Una tarde de verano a 20 °C en el valle son 5–10 °C en la cresta, parado, con viento y con las manos fuera de los bolsillos durante cuarenta minutos. Piensa el conjunto para el punto más frío de la sesión y deja que el fotógrafo capte las capas al quitarlas, no al ponerlas. Y comprueba las fechas de servicio del remonte antes de planificar con él: casi todos los teleféricos austriacos paran entre la temporada de verano y la de invierno.

Color: qué aguanta de verdad sobre un fondo austriaco

Tres fondos, tres respuestas.

Prado verde, de junio a septiembre. La hierba es un tono medio y se come todo lo que se le parece. El verde vivo, el oliva y el caqui desaparecen; los flúor también, y además tiñen la piel. Aguanta lo cálido y ligeramente desaturado — crema, avena, camel, óxido, terracota, rosa palo, burdeos profundo — o un oscuro limpio como el marino y el antracita, que se lee como forma contra la hierba. En Gosau vale lo mismo en la orilla: el agua es verde, el bosque es verde, y un vestido crema es lo único del encuadre que no lo es.

Caliza gris. El Gosaukamm, el Karwendel sobre el Achensee, el Wetterstein frente a la meseta de Seefeld: todo roca gris clara de aristas duras. Es el fondo más fácil que existe, porque casi cualquier color cálido se despega de él. Óxido, mostaza, teja, verde bosque y burdeos funcionan bien.

Nieve. La nieve es la trampa, porque es más brillante que todo lo demás y convence a la gente de vestirse de blanco. Blanco sobre blanco es una silueta sin detalle: la cámara expone para la nieve y tu abrigo se esfuma. El invierno pide tonos medios y oscuros saturados: camel, verde bosque, burdeos, marino, antracita, rojo profundo. Un solo color fuerte entre dos personas gana a dos colores que compiten.

Sea la estación que sea, evita logotipos grandes, estampados recargados y las rayas duras en blanco y negro, que vibran en la foto. Coordinaos sin ir iguales: dos personas con el mismo conjunto parecen un uniforme, dos personas dentro de la misma familia de tres colores parecen una decisión.

Capas que se quitan limpiamente

La regla de las capas en una sesión no es la de una excursión. La capa que te quitas tiene que ser tan fotogénica como la de debajo, porque se te va a ver con las dos. Un abrigo de lana sobre punto, una chaqueta larga sobre el vestido, una manta que se lea como estilismo y no como equipo de emergencia. Lo que no funciona: las carcasas técnicas que crujen, las capuchas que se tragan las caras y los plumas tan gruesos que nadie tiene cintura.

Lleva guantes y quítatelos los diez segundos que dura cada toma, un gorro con el que te guste salir en vez del más caliente, y una capa más de las que crees: en la mochila siempre la puedes dejar, y arriba no la vas a poder comprar.

El calzado: la parte que casi todos fallan

Casi cualquier buen sitio de montaña austriaco implica algo de andar sobre terreno suelto. La vuelta al Vorderer Gosausee es llana pero de grava y lleva alrededor de una hora. El sendero de orilla hasta la Gaisalm, en el Achensee, es hora y media de traza estrecha y rocosa excavada sobre el agua, en parte expuesta: de verdad no es sitio para vestidos largos ni suelas lisas. Incluso el tramo corto desde una estación superior hasta donde los edificios salen del encuadre suele ser roca, hierba y barro.

La solución no es ceder en el calzado que sale en las fotos, es llevarlo encima: caminas con botas o zapatillas, cambias en el sitio, disparas, vuelves a cambiar. Aquí la mayoría de las sesiones son un solo lugar, así que te cuesta dos minutos. En invierno añade lo que todo el mundo olvida: algo sobre lo que estar de pie. Diez minutos quieto sobre nieve pisada con suela fina terminan la sesión antes de tiempo.

Vestidos y velos con viento

El viento es la constante de cualquier cresta, collado o plataforma en Austria, y sopla mucho más fuerte en una estación de teleférico que en el valle cuya previsión leíste. No es motivo para dejar el vestido en casa: el viento es lo mejor que le puede pasar a un vestido largo, y un velo en un mirador es la imagen más dramática que dan los Alpes. Es motivo para decidir dónde se usa cada prenda.

Un vestido estructurado y con peso en el bajo se comporta en una cresta abierta. La gasa suelta, la pamela y el velo sin sujetar, no: aguantan de maravilla cuatro tomas y luego se te van a la cara. Sujeta bien el velo, lleva gomas de pelo y piensa la sesión en dos mitades: la versión fluida en la orilla resguardada o en el prado, la estructurada arriba. El prado alrededor de la capilla Seekirchl en Seefeld es un buen ejemplo de mitad resguardada, y está a cinco minutos a pie del centro.

Tracht: sí, pero bien

En Austria el dirndl y los Lederhosen no son un disfraz: son ropa que la gente tiene y se pone para bodas, para misa y para las fiestas del pueblo. Justo por eso los conjuntos de Oktoberfest de alquiler quedan mal en foto; las versiones sintéticas baratas parecen lo que son. Si quieres Tracht en tus imágenes, compra o pide prestado algo decente, en lana o lino en vez de tela estampada de carnaval, y llévalo como se lleva: el dirndl con blusa y delantal de verdad, los Lederhosen con zapatos y calcetines de verdad en lugar de zapatillas.

Un detalle que conviene saber. El lado en el que se ata el lazo del delantal se lee como una declaración: a la izquierda significa libre, a la derecha casada, prometida o con pareja, en el centro delante tradicionalmente virgen o indecisa, y detrás es para viudas y para camareras, que lo atan ahí para que no estorbe. El código es más moderno que la prenda, pero la gente lo lee igual: átalo a propósito. Para una sesión de pedida o de aniversario, a la derecha.

Niños

Viste a los niños para jugar y no para estar quietos, porque las fotos que se quedan son las de movimiento. Capas que puedan manejar solos, una muda completa en la mochila, manoplas atadas al abrigo. Las botas ganan a cualquier cosa elegante: una sesión en un lago o en la nieve acaba siempre con los pies mojados. Mantén los colores sencillos en toda la familia: una paleta cálida sobre cuatro personas se lee como grupo, cuatro ideas sueltas se leen como cuatro personas que llegaron juntas.

Organizar una sesión de fotos en la montaña

Sesenta minutos bastan para un sitio de montaña: una orilla, un prado con capilla o una estación superior y el terreno justo detrás. Dos horas te permiten subir en un remonte y usar cumbre y valle, que es además la respuesta honesta a la pregunta de la ropa: un conjunto por altura. Reserva el primer o el último hueco del día: la luz de alta montaña es plana a mediodía y en verano la nubosidad de tarde sobre los glaciares es la norma, no la excepción.

Dile al fotógrafo qué piensas ponerte antes del día. Sabe si el camino hasta el encuadre es de grava o de roca, cuánto viento coge ese collado y si el remonte funciona. Una sesión de pareja empieza en 279 € todo incluido para sesenta minutos, 465 € por dos horas y 649 € por tres; lo mismo vale para una sesión familiar o un elopement en la montaña. Puedes ver fotógrafos por toda Austria y reservar en línea.

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